dilluns, 30 de maig de 2016

Els nens necessiten avorrir-se

O com a mínim que no els tinguem sobrestimulats.

Necessiten temps, cada dia, per fer activitats no estructurades, ni organiitzades, ni rígides,...
Necessiten temps per avorrir-se i per jugar lliurement.
La sobrestimulació constant, l'encadenament de tasques i activitats programades saturen, agobien i ofegues la seva necessitat de crear.

Això és el que defensa Gullermo Cánovas en aquest article.


Aquí us copiem el decàleg que proposa per osar-hi remei.


Procure que sus hijos/as dispongan con frecuencia de tiempo no estructurado. ¡Verdadero tiempo libre!

Reduzca las actividades extraescolares al mínimo que considere necesario. Priorice y tenga muy en cuenta aquellas que son iniciativa de ellos mismos.

No se adelante a sus demandas, no queme etapas demasiado pronto. Necesitan detenerse y paladear cada edad y cada etapa. Respete su ritmo de maduración.

Interactúe y juegue con ellos si se lo piden, pero no organice ni desarrolle las normas.

Controle el acceso a internet y las nuevas tecnologías. No deben convertirse en prioritarias ni conformar su principal forma de ocio. Establezca horarios.

Distancie el uso de ordenadores, tablets o teléfonos móviles de la hora de irse a la cama. El sueño es fundamental, y el cerebro necesita un tiempo para volver a la normalidad tras los estímulos recibidos durante el empleo de estos aparatos.

Supervise las series de dibujos animados que ven. Compruebe si es usted capaz de ver un capítulo y en qué estado se encuentra después. Algunas generan un estado de ansiedad muy apreciable.

Sus hijos necesitan contacto con la naturaleza. El ritmo que ésta establece actúa como un verdadero bálsamo. Necesitan tocar, oler, sentir y experimentar en espacios abiertos y naturales.

Controle los ruidos innecesarios. Si alguien quiere ver la tele en casa, escuchar música o discutir, los demás no tienen que compartirlo necesariamente.

Preste toda la atención posible a sus comentarios, preguntas y observaciones. Nada de lo que dicen es superficial, aunque en un principio podamos no entender lo que están intentando decirnos.